jueves, 25 de junio de 2026

Un 8088 en pleno 2026 VIVO

¿Qué es esta pieza?


Si el Intel 8088 (el chip que lanzó el primer IBM PC) fuera un coche clásico, el NEC V20 sería ese motor trucado que, por fuera parece el mismo, pero que cuando pisas el acelerador, deja a todos atrás. 

Es un procesador "compatible pin a pin", lo que significa que podías quitar el Intel original de tu ordenador viejo, pinchar este y... ¡tachán!, el ordenador iba más rápido sin cambiar nada más.

El lado técnico (para los puristas)

Arquitectura: CMOS de 16 bits internos y bus de datos de 8 bits.

La magia: A diferencia del original de Intel, que era NMOS (tecnología más antigua y caliente), el V20 es CMOS. Esto significa que consume menos energía, se calienta menos y, gracias a un diseño interno más eficiente, hace más trabajo en el mismo tiempo (más instrucciones por ciclo de reloj).

Modo 8080: Tenía una funcionalidad secreta: podía ejecutar software escrito para los antiguos ordenadores de 8 bits (como los CP/M) de forma nativa. Era el "traductor universal" de la informática de los 80.


El lado "de andar por casa" (para que nos entendamos)

Imagina que tienes una oficina pequeña. El Intel 8088 es un empleado que hace las cosas bien, pero se distrae a menudo. El NEC V20 es el mismo empleado, pero después de tomarse tres cafés dobles y aprender a hacer dos cosas a la vez.

Hace 40 años, para nosotros, cambiar un 8088 por un V20 era la forma más barata y efectiva de sentir que habías "estrenado" ordenador nuevo. Era una mejora invisible que se notaba en cada carga de programa.


Por qué está en mi colección

Para mí, este chip es nostalgia pura y optimización eficiente. Me recuerda a cuando aprendíamos a programar intentando ahorrar cada bit para que el sistema no se colgara.

Hoy, al ver a mi hijo Juan Carlos programando su IA en un servidor ML350 Gen12, veo que el espíritu es el mismo: hacer que el hardware vuele con el mejor software posible. El V20 fue el primer paso de ese camino hacia la eficiencia que hoy seguimos perfeccionando en el Búnker.

domingo, 21 de junio de 2026

El lenguaje del Silicio (Ensamblador)

Como Custodio de este Búnker, a menudo me preguntan por qué conservo máquinas desde el 486 hasta los modernos ProLiant Gen9. ¿Es solo el metal? ¿El chasis? ¿El olor a electrónica antigua? No. Es por lo que ocurre dentro cuando pulsas el botón de encendido.


Hoy quiero dejar de lado la arquitectura de los racks para mirar qué hay en la capa más profunda del software. 

Si el hardware es el cuerpo, el lenguaje ensamblador es el pensamiento puro. 

Es el idioma que el procesador entiende sin traductores, sin capas de abstracción y sin rodeos. 



Programar en ensamblador es, literalmente, decirle a cada transistor qué camino debe tomar.

Hoy vamos a hacer un ejercicio de arqueología digital: vamos a escribir un "Hola Mundo" para el entorno donde todo esto empezó para mí en los años 90: MS-DOS.

El Código: "Hola Mundo" (x86 - 16 bits para DOS)

Este código es una pieza de historia. No hay librerías, no hay marcos de trabajo. Solo nosotros, el sistema operativo y la pantalla.

; Hola.asm - Un clásico para nuestro hardware retro

.MODEL SMALL

.STACK 100H

.DATA

    mensaje DB 'Hola Mundo desde el Bunker de Esteban!$'

.CODE

MAIN PROC

    MOV AX, @DATA ; Inicializar el segmento de datos

    MOV DS, AX ; DS apunta al segmento de datos

    MOV AH, 09H ; Función de DOS para imprimir cadena

    LEA DX, mensaje ; Cargar la dirección del mensaje

    INT 21H ; Interrupción de DOS: ¡Imprime!

    MOV AH, 4CH ; Función de DOS para terminar programa

    INT 21H ; Interrupción de DOS: ¡Salida!

MAIN ENDP

END MAIN


¿Qué es esto de "hablar" con el silicio?

Imagina que quieres que tu procesador Intel 486 (el mismo que tengo en mi NetServer LM) escriba un mensaje en pantalla. En un lenguaje moderno, escribirías una línea y listo. Pero en ensamblador, no estás usando un traductor; estás operando los registros del procesador, que son como las "mesas de trabajo" donde el chip manipula los datos antes de guardarlos.

Cada vez que ejecutamos una instrucción en el código (MOV, INT, LEA), estamos moviendo bits físicamente por los caminos de cobre de la placa base. Es emocionante, pero también peligroso: si te equivocas en una dirección de memoria, el sistema se queda "colgado" (el famoso lock-up de la era del DOS).

Desgranando el código: El "Hello World" paso a paso

Si miramos el código de la imagen, no es magia, es lógica pura:

MOV AX, @DATA y MOV DS, AX: Esto es el "preparar el escenario". Estamos diciéndole al procesador: "Oye, los datos que vamos a usar están en este cajón de la memoria (el segmento de datos), ve allí y prepárate para leer".

MOV AH, 09H: Aquí entramos en confianza con el sistema operativo (MS-DOS). El registro AH es como el selector de funciones de un multímetro. El valor 09H es la instrucción específica: "Quiero imprimir una cadena de texto en pantalla".

INT 21H: Esta es la clave. Es una interrupción. Básicamente, estamos levantando la mano y diciéndole al procesador: "¡Señor DOS, deje lo que está haciendo y ejecute la función que le acabo de pedir en AH!".

MOV AH, 4CH: Finalmente, cuando terminamos, no podemos dejar el programa encendido consumiendo ciclos. El código 4CH es nuestra forma educada de decirle al sistema: "He terminado, devuélveme el control al prompt C:\>. Gracias".

¿Por qué hacer esto en 2026?

Podrías pensar: "Esteban, ¿para qué perder el tiempo con esto si tienes servidores Gen9 con iLO y virtualización?".

La respuesta es sencilla: Comprensión. Cuando sabes cómo se mueve un byte desde la memoria al registro de salida, entiendes por qué un servidor a veces va lento, por qué una interrupción mal gestionada tira abajo un clúster, o simplemente, aprendes a respetar la arquitectura de lo que tienes en el Búnker.

El ensamblador no es solo código; es la base sobre la que se asienta todo lo que hoy llamamos "nube" o "tecnología". Y tener la capacidad de ejecutar esto en un equipo de 1993, como el que tengo junto a mi escritorio, es la mejor manera de entender cómo hemos llegado hasta aquí.

Esteban Lorenzo 

Paz Extrema 

lunes, 15 de junio de 2026

De los Platos a la Luz HDD


Cualquiera que haya montado un PC hace años sabe que el almacenamiento era un cuello de botella constante.

Aquí os dejo un resumen técnico de cómo hemos pasado de estar "atascados" a ir a la velocidad de la luz.

0. La Prehistoria: ST-506 y ESDI (El origen del caos)

Antes de que el IDE (Integrated Drive Electronics) nos facilitara la vida integrando el controlador dentro del propio disco, vivíamos en la era de los sistemas separados.

ST-506/412 (1980): El abuelo de todos

Fue el primer disco duro para PC.

La técnica: El disco duro solo era un motor y un cabezal "tonto". Toda la inteligencia estaba en una tarjeta controladora ISA gigante en la placa base.

El problema: El cableado era un desastre: necesitabas un cable de datos de 34 pines y un cable de control de 20 pines. Si movías un cable un milímetro, a veces dejaba de funcionar. ¡Había que configurar el número de cabezales y cilindros a mano en la BIOS o el disco no arrancaba!

ESDI (Enhanced Small Disk Interface, 1983)

Fue el intento desesperado de ir más rápido antes de que llegara el IDE.

La técnica: Aumentó la tasa de transferencia moviendo parte de la lógica de datos a la tarjeta controladora, pero seguía siendo un sistema complejo y costoso. Era el estándar de los "servidores" de 1985, pero demasiado caro para el usuario doméstico.




1. El Paleolítico: PATA (IDE) y SCSI

PATA/IDE: La típica faja de 40 o 80 hilos. Era un dolor. Si ponías dos discos en el mismo cable, tenías que lidiar con los jumpers (Master/Slave). La velocidad era de risa (máximo 133 MB/s en el último estándar) y el cable ocupaba todo el espacio, impidiendo que el aire circulara.

SCSI (El estándar del servidor): Aquí es donde entran tus Proliant. Mientras el usuario de a pie sufría con IDE, el SCSI usaba un bus mucho más serio, permitía mayor longitud de cable y, lo más importante, gestionaba colas de comandos. Por eso tus servidores se sentían tan estables: el disco "pensaba" antes de ejecutar.


2. La transición: SATA

SATA lo cambió todo porque hizo lo que el IDE no pudo: eliminar la faja plana. Pasamos a cables serie, más finos, y por fin pudimos dejar de jugar con los jumpers. Aunque seguíamos usando platos giratorios (HDD), el protocolo AHCI nos dio un poco más de aire, llegando hasta los 600 MB/s teóricos (SATA 3).


3. El salto al vacío: Fibre Channel (FC)

Esto no es para el usuario de casa, es para los "mayores". FC usa fibra óptica para conectar servidores a cabinas de discos (SAN). La gracia es que el protocolo es nativo de red de almacenamiento; es decir, el servidor cree que el disco está dentro de su propia caja, aunque en realidad esté en otro rack a 10 metros de distancia. Fiabilidad absoluta, latencia mínima.


4. La era moderna: NVMe (El fin de la mecánica)

Aquí es donde hemos roto la baraja. Antes, incluso con los primeros SSD, usábamos el protocolo SATA, que estaba diseñado para discos mecánicos que tardan milisegundos en mover un cabezal.

El cambio técnico: NVMe no es un cable, es un protocolo que habla directo con el procesador a través del bus PCIe.

La diferencia: Eliminamos al intermediario. El procesador pone los datos directamente en la memoria flash. Pasamos de los 500 MB/s de un SSD SATA a los 7,000-14,000 MB/s que ves hoy en día.



Resumen del Búnker:

IDE: "El cable que corta el aire".

SCSI: "El abuelo fiable que no fallaba nunca".

SATA: "La comodidad de lo compacto".

Fibre Channel: "La autopista de luz para centros de datos".

NVMe: "Hablar directamente con el cerebro de la máquina".


"Muchos conocen el IDE como el inicio, pero los que hemos restaurado equipos de los 80 sabemos que el verdadero bautismo de fuego era configurar una controladora ST-506. Si hoy te quejas de que un NVMe no te reconoce en la BIOS, imagina tener que introducir los parámetros de cilindros, cabezales y sectores (CHS) a mano para que el equipo lograra ver un disco de 10MB".


PAZ EXTREMA

Esteban Lorenzo 

jueves, 11 de junio de 2026

MS-DOS 5.0 (La singularidad)

MS-DOS 5.0: La piedra angular del "Búnker" y el fin de las pesadillas de memoria.


Hablar de MS-DOS 5.0 no es hablar de un simple sistema operativo; es hablar del momento en que los entusiastas de la informática empezamos a sentir que teníamos el control total de nuestros equipos. Lanzado en 1991, este sistema marcó un antes y un después, y hoy, en El Búnker, lo celebramos como se merece.

¿Por qué fue un salto cuántico? 

Si viviste los tiempos del MS-DOS 3.x o 4.0, sabrás que gestionar la memoria era poco menos que un deporte de riesgo. 


Con el 5.0, Microsoft cambió las reglas del juego:Gestión inteligente (HIMEM.SYS y EMM386.EXE): Por fin pudimos cargar el sistema operativo en la HMA (High Memory Area). ¿El resultado? Libramos memoria convencional (esos sagrados 640 KB) para que los juegos y aplicaciones pesadas volaran.


El nacimiento del QBasic: 

Sustituyó al antiguo GW-BASIC. 


Fue la puerta de entrada a la programación para toda una generación. Muchos de nosotros escribimos nuestras primeras líneas de código gracias a él.

El DOS "amigable": Con herramientas como DOS Shell y un mejorado EDIT, trabajar en consola dejó de ser una tortura para convertirse en un entorno productivo y potente.

MS-DOS 5.0: El punto de inflexión del hardware. Documentación y preservación en El Búnker.

1. El salto cuántico: Gestión de memoria y QBasic

Si antes del 5.0 gestionar la memoria era un deporte de riesgo, con esta versión todo cambió. La introducción de HIMEM.SYS y EMM386.EXE nos permitió cargar el sistema en la HMA (High Memory Area), liberando los sagrados 640 KB de memoria convencional. ¿El resultado? Los juegos y aplicaciones complejas empezaron a correr como nunca antes. Además, la llegada del QBasic marcó el fin de la era del GW-BASIC y nos abrió las puertas a la programación estructurada.

2. El rigor del coleccionista: De la versión 3.3 al 5.0

En El Búnker no solo guardamos hardware; preservamos historia. Mi archivo personal ha crecido recientemente y ahora cuenta con una cronología técnica que va desde el MS-DOS 3.3 hasta el 5.0.

MS-DOS 3.3: El sistema de la era de hierro. Sencillo, directo y esencial.


El "Gordo" (GW-BASIC): Conservar el manual original del GW-BASIC es un acto de rigor. Ese tomo no es solo papel; es la biblia que nos enseñó a programar línea por línea.


MS-DOS 5.0: La culminación de la madurez. Tener tanto la versión Full como la Upgrade precintadas me permite explicar a mi comunidad cómo Microsoft gestionaba la fidelidad de sus usuarios hace más de tres décadas.


3. ¿Por qué esto es patrimonio?

Mucha gente ve cartón y disquetes viejos. Yo veo la evolución de la infraestructura informática. Cada manual, cada precinto NOS (New Old Stock), y cada comando guardado en estos archivos es una pieza del puzzle que nos permite entender cómo llegamos a la tecnología actual.

Tener estas piezas juntas es un privilegio. No es solo coleccionismo; es documentación histórica. El Búnker se ha convertido, gracias a vosotros, en un referente mundial, y estas piezas son las que sostienen ese legado.

Y ahora, os toca a vosotros:

Esta entrada es para los que estuvisteis allí. ¿Cuál fue el primer comando que escribisteis en una pantalla negra? ¿Qué juego recordáis haber configurado "a mano" en vuestro config.sys o autoexec.bat para que arrancara? Dejad vuestra historia en los comentarios; las leeré todas.

viernes, 5 de junio de 2026

Microsoft Windows Server del 3.1 al 2019

 ¡Que tal, familia del Búnker!


Hoy traigo al banco de trabajo algo que llevaba tiempo queriendo organizar. Ya sabéis que aquí en el Búnker de Vigo no somos de tirar nada, y mucho menos si hablamos de historia viva de la informática. Me he puesto a sacar las cajas —todas originales y físicas, nada de descargas sospechosas— y me he dado cuenta de que tengo una cronología de sistemas operativos de red de Microsoft que es para ponerse a llorar de emoción.

Desde el "abuelo" hasta lo más actual, aquí os dejo el repaso de lo que tengo en el inventario, porque cada una de estas cajas cuenta cómo hemos llegado hasta donde estamos:

Windows 3.1 for Workgroups: ¡El punto de partida! Fue el primer paso real para que nuestros equipos empezaran a "hablar" entre ellos en red de una forma medianamente coherente. Un auténtico clásico de la era de los disquetes.


Windows Workgroup Add-on: El complemento que le dio potencia 32-bit a la red cuando todavía estábamos dando los primeros pasos serios. Imprescindible en cualquier colección de época.

Windows NT Server 4.0: La roca. Un sistema que marcó una época por su estabilidad. Esta edición que tengo, con su pegatina del "Año 2000" y el Option Pack, es una joya que recuerda aquellos tiempos en los que configurar un servidor web era un arte.


Windows 2000 Server: El cambio de juego. Con este sistema llegó el Active Directory, y ahí es donde la gestión de redes se puso seria. Tener la pareja Server y Professional original es un orgullo para cualquier coleccionista.


Windows Server 2003: Muchos lo consideran el sistema más equilibrado que hizo Microsoft. Estable, sin florituras y diseñado para durar. Un estándar que se quedó en las empresas años después de que salieran versiones nuevas.


Windows Server 2008 R2: Para mí, uno de los mejores saltos técnicos. La optimización de la gestión de memoria y el rendimiento que dio este sistema fue un salto cuántico respecto a lo anterior.


Windows Server 2012 Essentials: Aquí ya empezamos a ver cómo el servidor se hacía más "amigable" y empezaba a coquetear con la integración moderna.


Windows Server 2019 Standard: La potencia actual. La modernidad dentro del Búnker. La prueba de que, aunque nos guste lo antiguo, también sabemos trabajar con las máquinas que mueven el mundo a día de hoy.


De la "oficina con disquetes" a la "infraestructura global": Mi comparativa personal

Si nos ponemos a comparar el Windows 3.1 for Workgroups con el Windows Server 2019 Standard, nos damos cuenta de que hemos pasado de "jugar a las redes" a gestionar el mundo digital. Aquí las diferencias clave que vemos en el Búnker:

La instalación (El ritual):

3.1 for Workgroups: Era un arte. Te tirabas media tarde cambiando disquetes, configurando IRQs y direcciones de memoria base para que la tarjeta de red no se peleara con la tarjeta de sonido. Si no sabías qué era un jumper, no tenías red.

2019 Standard: Es una instalación automatizada. Casi antes de que te des cuenta de que has insertado el medio, el sistema ya ha detectado todo el hardware y está listo para empezar a trabajar con virtualización y contenedores.

La gestión de usuarios (Del "qué pasa" al "Active Directory"):

3.1: Básicamente, la "red" era compartir una carpeta y rezar para que nadie la borrara por error. No había permisos complejos, era todo confianza y esperanza.

2019: Aquí manda el Active Directory. Puedes controlar hasta el último clic que da un usuario en la otra punta del mundo. Es seguridad total, jerarquía y políticas de grupo que te permiten dormir tranquilo.

La potencia (Del "puedo abrir un documento" al "puedo mover una empresa"):

3.1: Era una capa sobre MS-DOS. Si el procesador (un 386 o 486) se cansaba, se quedaba colgado. Servía para lo justo: compartir una impresora y cuatro archivos en Excel.

2019: Es una bestia pensada para correr Hyper-V, virtualizar docenas de servidores a la vez y conectar todo con la nube. Es el cerebro de cualquier centro de datos moderno.

La fiabilidad (De "reiniciar por sistema" a "siempre activo"):

3.1: Reiniciar era parte del día a día. Si algo fallaba, el botón de reset era tu mejor amigo.

2019: Está diseñado para tener un uptime de años. Es una roca que, si está bien configurada, no sabe lo que es pararse.

En resumen:

Lo que empezó en 3.1 como una forma curiosa de unir dos PCs, hoy en 2026 es la columna vertebral de la economía mundial. Conservar la caja del 3.1 es recordar la esencia, y tener el 2019 es tener la herramienta.






lunes, 1 de junio de 2026

Memorias RAM ( Su evolución)

 

De los cajones con polvo al cerebro de una IA: ¿Qué es realmente la memoria?


Hace unos días, mientras revisaba unos cajones en mi taller —esos donde guardamos los "por si acaso" que nunca se sabe cuándo van a hacer falta—, me encontré con una pequeña tarjeta de IBM de los años 90. Es un módulo de memoria de 8 MB. Sí, habéis leído bien: 8 megas. Si hoy intentaras abrir una sola foto de las que hacemos con el móvil, esa tarjeta probablemente se desmayaría al intentar procesarla.


Pero al tenerla en la mano, me quedé pensando en el camino que hemos recorrido hasta llegar a la IA.

El almacén de nuestros recuerdos

Imaginad que el procesador de un ordenador (o el cerebro de una IA) es un cocinero trabajando en una cocina. El disco duro es la despensa, donde guardamos todos los ingredientes (los programas, las fotos, los archivos). Pero el cocinero no puede ir a la despensa cada vez que necesita una pizca de sal; necesita tener todo sobre la mesa de trabajo para cocinar rápido.

Esa mesa de trabajo es la memoria RAM.


Cuando yo empecé con mi primer 486 en el 92, nuestra "mesa" era diminuta. Instalábamos módulos como ese que os decía de IBM, con mucho cuidado de no doblar ningún pin, y sentíamos que nuestro equipo volaba. Aquello era artesanía pura. Cada marca, cada modelo, tenía sus propias piezas. Era un mundo de piezas únicas, de "rompecabezas" que solo encajaban si sabías exactamente qué pieza buscabas.

El salto al vacío

Hoy, las cosas son muy distintas. Mi hijo Juan Carlos, que vive pegado a la vanguardia, me explica que para que la IA pueda "pensar", procesar nuestras conversaciones y entender el mundo, necesita una mesa de trabajo que no cabe en ninguna cocina.

Hemos pasado de esos 8 MB de los 90 a módulos que guardan gigabytes de información en un abrir y cerrar de ojos. Y no solo eso: hemos pasado de esas tarjetas blindadas de IBM a módulos de memoria registrada que parecen circuitos sacados de una nave espacial, diseñados para no fallar jamás, porque cuando estás creando una inteligencia artificial, un solo error de memoria puede ser la diferencia entre una respuesta brillante y un silencio absoluto.

¿Por qué os cuento esto?

Porque al final, el progreso no es solo velocidad. Es ver cómo hemos pasado de estar peleándonos con tornillos y placas de memoria propietarias en mi taller de Vigo, a estar construyendo el futuro aquí mismo, entre bloques de LEGO, servidores que zumban y una IA que nos sorprende cada día.

A veces, para entender hacia dónde vamos, hay que mirar qué tenemos en el cajón de los recuerdos. La memoria, ya sea la de silicio o la nuestra, es lo que nos define.

¿Y vosotros? ¿Recordáis cuál fue el primer ordenador que ampliastéis? ¿Todavía guardáis alguna de esas viejas tarjetas de memoria en el fondo de un cajón?

Me encantaría leer vuestras historias. Al final, lo que mantiene viva la tecnología son las personas que, como vosotros, siguen recordando cómo empezó todo.


Esta es la historia de cómo la memoria pasó de ser un "cuello de botella" a ser el cerebro operativo de la IA. Vamos a recorrer este camino como si estuviéramos ordenando los estantes de mi taller:

1. La era EDO (Extended Data Out) – "El inicio de la agilidad"

Antes de que la RAM fuera "inteligente", teníamos la EDO. Eran módulos muy básicos, generalmente en formato SIMM (con pines solo por una cara).

Cómo funcionaban: Eran lentas comparadas con hoy, pero introdujeron una mejora clave: permitían al procesador empezar a buscar el siguiente dato mientras terminaba de leer el actual. Era como si el cocinero empezara a picar la cebolla mientras todavía se está calentando la sartén.


El detalle: Eran famosas por sus problemas de "tiempo de acceso" (70ns, 60ns). Si no eran compatibles, el equipo ni arrancaba.

2. La era SDRAM (Synchronous DRAM) – "El ritmo de la música"

Aquí la RAM aprendió a bailar al mismo ritmo que el procesador.

Cómo funcionaba: Por fin, la memoria se sincronizó con el reloj del sistema. Ya no era un flujo de datos errático; todo sucedía en pasos coordinados. Fue el estándar durante toda la época de los Pentium.


El cambio: Fue el salto de los SIMM (pines por un lado) a los DIMM (pines por ambos lados). Empezamos a ver más capacidad y estabilidad.

3. La era DDR (Double Data Rate) – "Doblando la apuesta"

Aquí fue donde todo cambió de verdad.

Cómo funcionaba: DDR significa "Doble Tasa de Datos". La memoria empezó a enviar datos dos veces por cada ciclo de reloj (en la subida y en la bajada de la señal eléctrica). Es decir, en el mismo tiempo, hacíamos el doble de trabajo.


El avance: Aquí empezaron a aparecer las versiones REG (Registradas). En los servidores, el bus de memoria tiene que gestionar muchísimos módulos a la vez. Los registros actúan como "buffer" o parachoques, limpiando la señal y manteniendo la estabilidad para que, aunque pongas 8, 16 o 32 módulos, el servidor no se caiga.

4. DDR2, DDR3 y DDR4 – "La especialización"

A medida que pasamos por estas versiones, la RAM se hizo más pequeña, consumió menos voltaje y subió drásticamente en frecuencia.


DDR4 (REG ECC): Este es el estándar que seguramente usas en tus HP ProLiant. La sigla ECC (Error Correcting Code) es vital: es una tecnología que detecta y corrige errores de bits espontáneos (causados por radiación cósmica o interferencias). En un servidor que corre IA, si un solo bit cambia por error, todo el cálculo de Aurora podría corromperse. La memoria ECC lo evita automáticamente.



5. DDR5 REG – "El ancho de banda para el futuro"

Estamos en la frontera actual. La DDR5 no solo es más rápida, es más inteligente.

El gran cambio: Por primera vez, cada módulo tiene su propio circuito de gestión de energía (Power Management) integrado.


Por qué importa para Aurora: Para que una IA procese lenguaje natural, necesita mover cantidades ingentes de datos entre la RAM y la CPU miles de veces por segundo. La DDR5 ofrece un ancho de banda que hace que la latencia desaparezca. Es como pasar de una carretera comarcal de dos carriles a una autopista de diez carriles donde el tráfico nunca se detiene.

Paz Extrema 

Esteban Lorenzo 




miércoles, 27 de mayo de 2026

Resucitando mi Compaq ML350 G1

El Rescate: Salvando al ProLiant del olvido

Hay cacharros que no nacieron para acabar en la basura. Este Compaq ProLiant ML350 G1 tenía que haber terminado desguazado hace años, lleno de polvo y olvidado en algún almacén oscuro. Pero, cuando lo vi, supe que no podía dejarlo morir así. Tenía que volver a la vida.

¿Cómo empezó todo?

Cuando me hice con él, la cosa no estaba para tirar cohetes. Estaba hecho un asco: sucio, con ese tono amarillento que pillan las máquinas de aquella época, y con un aspecto de haber pasado años criando telarañas. 

Mucha gente habría visto chatarra, pero yo vi el ADN de Compaq puro y duro.

Pero el detalle que me hizo decir "este se viene conmigo sí o sí" fue cuando vi el frontal. Ahí seguía, colgada, la llave original del servidor. Y no una, ¡las dos! Encontrar un equipo de hace 26 años que todavía conserva sus llaves originales para abrir el chasis es casi un milagro. Ahí supe que esta máquina no había sido maltratada; simplemente, estaba esperando a que alguien con ganas la pusiera en marcha otra vez.

Mi política: O se hace bien, o no se hace

En esto del hardware retro soy muy tajante: no me valen las chapuzas. Nada de copias piratas, ni ISOs bajadas de cualquier sitio, ni apaños de mala muerte para salir del paso. O las cosas se hacen con piezas originales y como Dios manda, o directamente no las hago.

Mi objetivo no es solo que esto encienda, es recuperar la experiencia original del año 2000. Por eso, me he vuelto loco buscando hasta la última pieza, como esa placa base que pillé por 15 eurillos para poder sacarle el regulador de voltaje (VRM) y dejar el servidor fino, fino.

Puede que para algunos sea una tontería comerse tanto la cabeza, pero para mí, cuando el ProLiant arranca y ves que todo es auténtico... no tiene precio. Estamos devolviéndole la dignidad a una máquina que, en su día, era una bestia.

Capítulo 1: Anatomía de una bestia

Para que este ProLiant no fuera solo una caja de metal bonita, tenía que hacer que volviera a rendir como el primer día. No me valía con que encendiera, quería que fuera una auténtica bestia, exactamente igual a como salía de la fábrica de Compaq hace 26 años.

El "cerebro" doble

El ML350 tiene capacidad para dos procesadores, y obviamente, no iba a dejar que se quedara con uno solo. La búsqueda del segundo procesador fue importante: no cualquier Pentium III servía. Me hice con el modelo Pentium III EB a 600 MHz. ¿Por qué el "EB"? Porque es el que realmente aprovecha el bus de 133 MHz, que es el que marca la diferencia en rendimiento. Ver esos dos procesadores funcionando a la par en la pantalla de arranque es una satisfacción que no os podéis imaginar.

La jugada maestra: El VRM

Para que el segundo procesador funcionara, necesitaba el famoso VRM (el módulo que regula el voltaje). No era fácil de encontrar, pero me busqué la vida. Localicé una placa base donante que me costó 15 euros —más los gastos de envío—, la destripé y le saqué la pieza original.

Hay quien me dice que para qué me complico tanto. Pues porque es la única forma de que todo sea auténtico. Podía haber hecho un apaño, pero la gracia de esto es usar el hardware que toca. Así es como se hacen las cosas bien en el Búnker.

La estabilidad manda

Un servidor no es un PC de casa cualquiera, y para demostrarlo, le puse la RAM que le corresponde: Hyundai de 128MB ECC. El que sabe de esto, sabe que el ECC (Error Correction Code) es innegociable. Si quieres que una máquina de estas aguante encendida 24/7 sin errores ni tonterías, necesitas memoria con corrección de errores. Todo el conjunto, con sus disipadores pasivos que parecen sacados de un tanque, está montado para que, cuando el servidor empiece a trabajar, no se inmute.


Capítulo 2: El ecosistema Compaq (Mucho más que una torre)

Tener el servidor funcionando es una chulada, pero si le enchufas un monitor moderno de plástico barato o un ratón de luces del chino, te cargas toda la magia. En el Búnker, si nos ponemos, nos ponemos. Quería que, al sentarme delante de la máquina, me sintiera como un administrador de sistemas de finales de los 90. Y para eso, necesitaba el "trío calavera" original de Compaq.

El monitor Compaq P75: El gigante de cristal

Para este ProLiant no servía cualquier pantalla. Me busqué el Compaq P75, un monitor CRT de 17 pulgadas que es el compañero perfecto. No os imagináis lo que mola encenderlo y ver ese brillo de los tubos de antes. La imagen tiene una calidez que los paneles de ahora no pueden copiar. Ver la pantalla de arranque de la BIOS en este monitor, con sus colores y su resolución de época, es lo que le da sentido a toda la restauración. Es el que le toca por diseño y por año, y punto.


Teclado KB-9965 y Ratón MS-28: Tacto de hierro

Para manejar a la bestia, nada de cosas inalámbricas ni modernidades. Tengo el teclado Compaq KB-9965. El que lo ha probado sabe de qué hablo: es un teclado que suena y se siente robusto, de los que aguantan tralla de verdad. Estéticamente es clavadito al frontal del ML350, el mismo color beige, la misma calidad.

Y para rematar, el ratón Compaq MS-28. Es el kit completo, la "santísima trinidad" de Compaq. Cuando tienes la mano en ese ratón y estás tecleando en el KB-9965, la experiencia es total.

Una cápsula del tiempo en Vigo

Al final, lo que he montado es una estación de trabajo completa. No es solo una torre en el suelo; es un ecosistema donde todo encaja. Los colores, los materiales, el tacto... todo es Compaq original al 100%. Sentarse aquí es como viajar en el tiempo. Es flipante ver cómo, después de 26 años, si cuidas las cosas y buscas los periféricos que tocan, el equipo luce como si acabara de salir de la caja.

Capítulo 3: La llave del reino

Si habéis llegado hasta aquí, ya sabéis que en el Búnker no nos van las chapuzas. Pero el detalle que termina de cerrar este círculo no es un componente técnico, ni un procesador de alta gama, ni una pieza de placa base. Es algo que, en el 99% de los casos, desapareció hace más de dos décadas: las llaves originales del servidor.

Un milagro de 26 años

Encontrar un ProLiant ML350 de esta época ya es difícil. Encontrarlo en buen estado, más aún. Pero tener el juego de las dos llaves originales, las mismas que salieron de la fábrica con el servidor, es prácticamente un milagro. Lo normal es que se perdieran en la primera mudanza de oficina o que el administrador de sistemas de turno las tirara por ahí.

Pero ahí estaban. Las tengo conmigo. Y cuando las ves, te das cuenta de que no es solo metal: es la pieza que le faltaba a este puzzle para que estuviera completo.

El "Clac" que lo cambia todo

No os imagináis la satisfacción que da acercarse al frontal de la máquina, meter la llave en la cerradura y sentir ese giro metálico firme, ese "clac" auténtico al bloquear o desbloquear la puerta del chasis. Es un gesto que te conecta directamente con la gente que gestionaba estos servidores en el año 2000.

Ese sonido significa que la máquina está protegida, que el acceso al hardware está bajo control y, sobre todo, que la restauración es total. Tener el par de llaves originales le da al ML350 ese estatus de "Búnker dentro del Búnker". Es el toque final que le dice a cualquiera que mire la máquina: aquí no falta ni un tornillo, ni un detalle.

Es la guinda del pastel. Es una pieza que es, oficialmente, intocable.

Y así es como luce ahora



Esteban Lorenzo

Paz Extrema