sábado, 1 de agosto de 2026

El Abuelo de los Portátiles

¿Quién no ha llevado alguna vez un portátil fino y ligero en la mochila? Hoy en día nos parece lo más normal del mundo, pero a principios de los años 80 el concepto de "ordenador portátil" significaba otra cosa muy distinta. Significa calzarse las zapatillas de deporte, coger aire y levantar una mole de más de 13 kilos con forma de maleta.

Hoy en el búnker abrimos el capó de una auténtica leyenda de la arqueología informática: 

El IBM Portable Personal Computer (Modelo 5155).



¿Qué demonios era esto?
Para entender a esta bestia parda hay que viajar en el tiempo hasta 1984. 

Por aquel entonces, los ordenadores de sobremesa mandaban con mano de hierro, pero los profesionales que viajaban (técnicos, contables, ingenieros) necesitaban llevarse la potencia de cálculo a clientes o a oficinas remotas.

Compaq había dado el campanazo poco antes con su Compaq Portable, y el gigante IBM no podía quedarse de brazos cruzados. ¿Su respuesta? Coger la arquitectura interna de su mítico IBM PC/XT, meterla dentro de un chasis de aluminio y plástico reforzado con asa de transporte, añadirle un monitor de tubo y empaquetarlo todo con aspecto de maletín industrial.

Radiografía técnica: por dentro de la maleta

Aunque por fuera parezca una caja de herramientas pesada, técnicamente era una auténtica máquina de trabajo para su época:

El corazón (CPU): Montaba un microprocesador Intel 8088 a 4.77 MHz. Sí, has leído bien: megahercios, no gigahercios. Una potencia que hoy en día hace sonrojar a cualquier reloj inteligente, pero que en los ochenta movía el mundo.

Memoria RAM: Venía habitualmente con 256 KB o 640 KB de memoria RAM (de los cuales muchos programas solo soñaban con ver completos).

Almacenamiento: Nada de discos duros ultrarrápidos ni SSDs. Aquí mandaban las dos unidades de disquete de 5¼ pulgadas (de doble cara y doble densidad, con una capacidad de 360 KB cada uno). ¡El sonido al leer los disquetes y el parpadeo de las luces de actividad eran pura música celestial!

La pantalla: Un monitor integrado de tubo de rayos catódicos (CRT) de 9 pulgadas con el icónico fósforo ámbar (o verde en otras variantes). Contraste puro y duro para los ojos, ideal para dejarse las pestañas picando código o mirando líneas de comandos en verde/ámbar brillante.




El teclado: Una auténtica obra de ingeniería. Va integrado en la propia tapa frontal de la maleta: lo sueltas, lo despliegas y se conecta mediante un cable de teléfono en espiral. El tacto mecánico y el sonido de las teclas son el orgasmo de cualquier mecanógrafo retro.




El encanto de lo analógico en el búnker

Poder encender hoy en día una máquina como esta, ver cómo arranca directamente en MS-DOS desde el disquete y comprobar que la electrónica de hace cuarenta años sigue respondiendo al interruptor es una sensación indescriptible.

Tiene pegatinas de inventario de la época, marcas de uso que huelen a despacho técnico alemán y un peso que te recuerda que la informática pesaba... literalmente.

Conservar reliquias como el IBM 5155 no es solo acumular chatarra tecnológica; es salvaguardar los cimientos sobre los que hoy montamos nuestros servidores, nuestras redes y nuestros blogs.

¡Seguimos rescatando historia viva para el búnker!

Esteban Lorenzo 
Paz Extrema