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viernes, 5 de junio de 2026

Microsoft Windows Server del 3.1 al 2019

 ¡Que tal, familia del Búnker!


Hoy traigo al banco de trabajo algo que llevaba tiempo queriendo organizar. Ya sabéis que aquí en el Búnker de Vigo no somos de tirar nada, y mucho menos si hablamos de historia viva de la informática. Me he puesto a sacar las cajas —todas originales y físicas, nada de descargas sospechosas— y me he dado cuenta de que tengo una cronología de sistemas operativos de red de Microsoft que es para ponerse a llorar de emoción.

Desde el "abuelo" hasta lo más actual, aquí os dejo el repaso de lo que tengo en el inventario, porque cada una de estas cajas cuenta cómo hemos llegado hasta donde estamos:

Windows 3.1 for Workgroups: ¡El punto de partida! Fue el primer paso real para que nuestros equipos empezaran a "hablar" entre ellos en red de una forma medianamente coherente. Un auténtico clásico de la era de los disquetes.


Windows Workgroup Add-on: El complemento que le dio potencia 32-bit a la red cuando todavía estábamos dando los primeros pasos serios. Imprescindible en cualquier colección de época.

Windows NT Server 4.0: La roca. Un sistema que marcó una época por su estabilidad. Esta edición que tengo, con su pegatina del "Año 2000" y el Option Pack, es una joya que recuerda aquellos tiempos en los que configurar un servidor web era un arte.


Windows 2000 Server: El cambio de juego. Con este sistema llegó el Active Directory, y ahí es donde la gestión de redes se puso seria. Tener la pareja Server y Professional original es un orgullo para cualquier coleccionista.


Windows Server 2003: Muchos lo consideran el sistema más equilibrado que hizo Microsoft. Estable, sin florituras y diseñado para durar. Un estándar que se quedó en las empresas años después de que salieran versiones nuevas.


Windows Server 2008 R2: Para mí, uno de los mejores saltos técnicos. La optimización de la gestión de memoria y el rendimiento que dio este sistema fue un salto cuántico respecto a lo anterior.


Windows Server 2012 Essentials: Aquí ya empezamos a ver cómo el servidor se hacía más "amigable" y empezaba a coquetear con la integración moderna.


Windows Server 2019 Standard: La potencia actual. La modernidad dentro del Búnker. La prueba de que, aunque nos guste lo antiguo, también sabemos trabajar con las máquinas que mueven el mundo a día de hoy.


De la "oficina con disquetes" a la "infraestructura global": Mi comparativa personal

Si nos ponemos a comparar el Windows 3.1 for Workgroups con el Windows Server 2019 Standard, nos damos cuenta de que hemos pasado de "jugar a las redes" a gestionar el mundo digital. Aquí las diferencias clave que vemos en el Búnker:

La instalación (El ritual):

3.1 for Workgroups: Era un arte. Te tirabas media tarde cambiando disquetes, configurando IRQs y direcciones de memoria base para que la tarjeta de red no se peleara con la tarjeta de sonido. Si no sabías qué era un jumper, no tenías red.

2019 Standard: Es una instalación automatizada. Casi antes de que te des cuenta de que has insertado el medio, el sistema ya ha detectado todo el hardware y está listo para empezar a trabajar con virtualización y contenedores.

La gestión de usuarios (Del "qué pasa" al "Active Directory"):

3.1: Básicamente, la "red" era compartir una carpeta y rezar para que nadie la borrara por error. No había permisos complejos, era todo confianza y esperanza.

2019: Aquí manda el Active Directory. Puedes controlar hasta el último clic que da un usuario en la otra punta del mundo. Es seguridad total, jerarquía y políticas de grupo que te permiten dormir tranquilo.

La potencia (Del "puedo abrir un documento" al "puedo mover una empresa"):

3.1: Era una capa sobre MS-DOS. Si el procesador (un 386 o 486) se cansaba, se quedaba colgado. Servía para lo justo: compartir una impresora y cuatro archivos en Excel.

2019: Es una bestia pensada para correr Hyper-V, virtualizar docenas de servidores a la vez y conectar todo con la nube. Es el cerebro de cualquier centro de datos moderno.

La fiabilidad (De "reiniciar por sistema" a "siempre activo"):

3.1: Reiniciar era parte del día a día. Si algo fallaba, el botón de reset era tu mejor amigo.

2019: Está diseñado para tener un uptime de años. Es una roca que, si está bien configurada, no sabe lo que es pararse.

En resumen:

Lo que empezó en 3.1 como una forma curiosa de unir dos PCs, hoy en 2026 es la columna vertebral de la economía mundial. Conservar la caja del 3.1 es recordar la esencia, y tener el 2019 es tener la herramienta.






miércoles, 27 de mayo de 2026

Resucitando mi Compaq ML350 G1

El Rescate: Salvando al ProLiant del olvido

Hay cacharros que no nacieron para acabar en la basura. Este Compaq ProLiant ML350 G1 tenía que haber terminado desguazado hace años, lleno de polvo y olvidado en algún almacén oscuro. Pero, cuando lo vi, supe que no podía dejarlo morir así. Tenía que volver a la vida.

¿Cómo empezó todo?

Cuando me hice con él, la cosa no estaba para tirar cohetes. Estaba hecho un asco: sucio, con ese tono amarillento que pillan las máquinas de aquella época, y con un aspecto de haber pasado años criando telarañas. 

Mucha gente habría visto chatarra, pero yo vi el ADN de Compaq puro y duro.

Pero el detalle que me hizo decir "este se viene conmigo sí o sí" fue cuando vi el frontal. Ahí seguía, colgada, la llave original del servidor. Y no una, ¡las dos! Encontrar un equipo de hace 26 años que todavía conserva sus llaves originales para abrir el chasis es casi un milagro. Ahí supe que esta máquina no había sido maltratada; simplemente, estaba esperando a que alguien con ganas la pusiera en marcha otra vez.

Mi política: O se hace bien, o no se hace

En esto del hardware retro soy muy tajante: no me valen las chapuzas. Nada de copias piratas, ni ISOs bajadas de cualquier sitio, ni apaños de mala muerte para salir del paso. O las cosas se hacen con piezas originales y como Dios manda, o directamente no las hago.

Mi objetivo no es solo que esto encienda, es recuperar la experiencia original del año 2000. Por eso, me he vuelto loco buscando hasta la última pieza, como esa placa base que pillé por 15 eurillos para poder sacarle el regulador de voltaje (VRM) y dejar el servidor fino, fino.

Puede que para algunos sea una tontería comerse tanto la cabeza, pero para mí, cuando el ProLiant arranca y ves que todo es auténtico... no tiene precio. Estamos devolviéndole la dignidad a una máquina que, en su día, era una bestia.

Capítulo 1: Anatomía de una bestia

Para que este ProLiant no fuera solo una caja de metal bonita, tenía que hacer que volviera a rendir como el primer día. No me valía con que encendiera, quería que fuera una auténtica bestia, exactamente igual a como salía de la fábrica de Compaq hace 26 años.

El "cerebro" doble

El ML350 tiene capacidad para dos procesadores, y obviamente, no iba a dejar que se quedara con uno solo. La búsqueda del segundo procesador fue importante: no cualquier Pentium III servía. Me hice con el modelo Pentium III EB a 600 MHz. ¿Por qué el "EB"? Porque es el que realmente aprovecha el bus de 133 MHz, que es el que marca la diferencia en rendimiento. Ver esos dos procesadores funcionando a la par en la pantalla de arranque es una satisfacción que no os podéis imaginar.

La jugada maestra: El VRM

Para que el segundo procesador funcionara, necesitaba el famoso VRM (el módulo que regula el voltaje). No era fácil de encontrar, pero me busqué la vida. Localicé una placa base donante que me costó 15 euros —más los gastos de envío—, la destripé y le saqué la pieza original.

Hay quien me dice que para qué me complico tanto. Pues porque es la única forma de que todo sea auténtico. Podía haber hecho un apaño, pero la gracia de esto es usar el hardware que toca. Así es como se hacen las cosas bien en el Búnker.

La estabilidad manda

Un servidor no es un PC de casa cualquiera, y para demostrarlo, le puse la RAM que le corresponde: Hyundai de 128MB ECC. El que sabe de esto, sabe que el ECC (Error Correction Code) es innegociable. Si quieres que una máquina de estas aguante encendida 24/7 sin errores ni tonterías, necesitas memoria con corrección de errores. Todo el conjunto, con sus disipadores pasivos que parecen sacados de un tanque, está montado para que, cuando el servidor empiece a trabajar, no se inmute.


Capítulo 2: El ecosistema Compaq (Mucho más que una torre)

Tener el servidor funcionando es una chulada, pero si le enchufas un monitor moderno de plástico barato o un ratón de luces del chino, te cargas toda la magia. En el Búnker, si nos ponemos, nos ponemos. Quería que, al sentarme delante de la máquina, me sintiera como un administrador de sistemas de finales de los 90. Y para eso, necesitaba el "trío calavera" original de Compaq.

El monitor Compaq P75: El gigante de cristal

Para este ProLiant no servía cualquier pantalla. Me busqué el Compaq P75, un monitor CRT de 17 pulgadas que es el compañero perfecto. No os imagináis lo que mola encenderlo y ver ese brillo de los tubos de antes. La imagen tiene una calidez que los paneles de ahora no pueden copiar. Ver la pantalla de arranque de la BIOS en este monitor, con sus colores y su resolución de época, es lo que le da sentido a toda la restauración. Es el que le toca por diseño y por año, y punto.


Teclado KB-9965 y Ratón MS-28: Tacto de hierro

Para manejar a la bestia, nada de cosas inalámbricas ni modernidades. Tengo el teclado Compaq KB-9965. El que lo ha probado sabe de qué hablo: es un teclado que suena y se siente robusto, de los que aguantan tralla de verdad. Estéticamente es clavadito al frontal del ML350, el mismo color beige, la misma calidad.

Y para rematar, el ratón Compaq MS-28. Es el kit completo, la "santísima trinidad" de Compaq. Cuando tienes la mano en ese ratón y estás tecleando en el KB-9965, la experiencia es total.

Una cápsula del tiempo en Vigo

Al final, lo que he montado es una estación de trabajo completa. No es solo una torre en el suelo; es un ecosistema donde todo encaja. Los colores, los materiales, el tacto... todo es Compaq original al 100%. Sentarse aquí es como viajar en el tiempo. Es flipante ver cómo, después de 26 años, si cuidas las cosas y buscas los periféricos que tocan, el equipo luce como si acabara de salir de la caja.

Capítulo 3: La llave del reino

Si habéis llegado hasta aquí, ya sabéis que en el Búnker no nos van las chapuzas. Pero el detalle que termina de cerrar este círculo no es un componente técnico, ni un procesador de alta gama, ni una pieza de placa base. Es algo que, en el 99% de los casos, desapareció hace más de dos décadas: las llaves originales del servidor.

Un milagro de 26 años

Encontrar un ProLiant ML350 de esta época ya es difícil. Encontrarlo en buen estado, más aún. Pero tener el juego de las dos llaves originales, las mismas que salieron de la fábrica con el servidor, es prácticamente un milagro. Lo normal es que se perdieran en la primera mudanza de oficina o que el administrador de sistemas de turno las tirara por ahí.

Pero ahí estaban. Las tengo conmigo. Y cuando las ves, te das cuenta de que no es solo metal: es la pieza que le faltaba a este puzzle para que estuviera completo.

El "Clac" que lo cambia todo

No os imagináis la satisfacción que da acercarse al frontal de la máquina, meter la llave en la cerradura y sentir ese giro metálico firme, ese "clac" auténtico al bloquear o desbloquear la puerta del chasis. Es un gesto que te conecta directamente con la gente que gestionaba estos servidores en el año 2000.

Ese sonido significa que la máquina está protegida, que el acceso al hardware está bajo control y, sobre todo, que la restauración es total. Tener el par de llaves originales le da al ML350 ese estatus de "Búnker dentro del Búnker". Es el toque final que le dice a cualquiera que mire la máquina: aquí no falta ni un tornillo, ni un detalle.

Es la guinda del pastel. Es una pieza que es, oficialmente, intocable.

Y así es como luce ahora



Esteban Lorenzo

Paz Extrema 


domingo, 24 de mayo de 2026

ThinkPad 755CSE: Lo que funciona, se queda (y lo que no, se adapta)

Si me habéis echado de menos estos cuatro días, es porque en el Búnker no se publican entradas por rellenar huecos. Se publica cuando hay algo que contar. Y hoy, la cosa va de "sobrevivientes".

He estado trasteando con mi IBM ThinkPad 755CSE. 

La realidad: la batería es un pisapapeles y la pantalla original ha tirado la toalla. Si esto fuera otro sitio diferente, iría directo al contenedor de reciclaje. 

Pero esto es el Búnker, y aquí las máquinas tienen otra oportunidad.

La situación es sencilla:

Pantalla externa por VGA.

Enchufado a la corriente permanentemente.

Sus características son:

Un procesador 486DX4 a 100MHz que sigue siendo más fiable que el 90% de lo que venden hoy en las tiendas ( Es broma compis)

Unos magníficos 16MB de RAM ( Los 8MB de serie + 8MB en tarjeta iCDRAM) 

Un HDD de 310MB ( Espacio inagotable jejeje)

Una pantalla DTSCN a Color de 12" de Matriz Activa (A color si)


Puertos de Expansión tenia un montón para la época:


1. El panel trasero (La zona de combate)

Al ser un portátil de diseño cuadrado y robusto, IBM aprovechó cada milímetro de la parte trasera (que suele ir tapada por una pequeña tapa abatible):

Puerto Serial (RS-232): El puerto de 9 pines clásico. Indispensable en su día para configurar routers, switches o conectar dispositivos de diagnóstico industriales.

Puerto Paralelo (LPT): El puerto de 25 pines (tipo D-sub). Era el estándar para las impresoras de matriz de puntos o láser de la época. También lo usábamos mucho para transferencia de archivos vía LapLink.

Puerto VGA (DB-15): El que estoy usando ahora mismo para sacar vídeo. Es el que le ha dado esa segunda vida como "sobremesa".

Puerto de teclado/ratón externo (PS/2): Es un puerto combo. Si tenías un divisor, podías conectar un ratón y un teclado externo a la vez. Es el puerto clásico de color morado/verde que todos recordamos.

Puerto de disquetera externa: IBM incluía un conector específico para poder usar una disquetera externa si habías retirado la interna para ganar espacio o poner otro módulo.

2. Los laterales


Aquí es donde la cosa se pone interesante por la capacidad de expansión:

Ranuras PCMCIA (Tipo II): 

Trae dos ranuras. Esta era la "magia" del portátil. Podías meter tarjetas de red (Ethernet 10Base-T), tarjetas módem, o incluso tarjetas de almacenamiento extra. Es la clave si algún día quiero meterlo en red local sin cables USB (que no tiene).

Puerto de audio (Line In/Line Out/Mic): Gracias al chip IBM Mwave, este portátil era una bestia multimedia para 1994. Tenía conectores Jack estándar para audio, algo que no era nada común en portátiles de esa gama de precio.



3. La zona inferior (El conector de Docking)

En la parte de abajo, el 755CSE tiene un conector de expansión enorme (tipo "bus de expansión"). Ese puerto es para conectarlo a la Dock I o Dock II de IBM. Si alguna vez consigo una base de estas, el portátil se convierte literalmente en una torre, añadiendo ranuras ISA completas para meter tarjetas gráficas de escritorio o tarjetas de red de alta velocidad. En modelos superiores.

Muchísima conectividad para su epoca 

Lo que necesitases podías conectarlo 

Detalles que lo hacen especial al IBM 755CSE

1 El teclado (Apertura tipo capó)

IBM diseñó el sistema de bisagras del teclado pensando en que un técnico pudiera cambiar el disco duro o la disquetera en medio de un aeropuerto o en una planta industrial sin necesidad de un destornillador. Es una arquitectura modular que hoy, con todo soldado y pegado con cola, parece ciencia ficción.


2 SuperChip Mwave

Lo curioso es que el portátil no tenía hardware dedicado para el módem o para el sonido. Todo se hacía por software. El chip Mwave se "reconfiguraba" al arrancar para decidir si quería ser una tarjeta de sonido, un módem de fax o un sistema de contestador automático. Fue un precursor de lo que hoy llamamos Software Defined Radio o procesadores integrados. Para 1994, era un concepto adelantado a su tiempo años luz.

3 La UltraBay

Podías quitar la disquetera y, en su lugar, insertar una segunda batería, un segundo disco duro o incluso un módulo de CD-ROM (en los modelos superiores). Era como un Lego jajaja. Esto permitía a los dueños configurar el portátil según el trabajo que tuvieran ese día.

4 La maravillosa "BlackBox"

IBM incluía herramientas de diagnóstico de bajo nivel integradas en la ROM. 

Si el equipo daba problemas, puedes entrar en el menú de test que comprueba físicamente cada pista de la placa base y cada bloque de memoria. 

Es un nivel de transparencia técnica total; el ordenador te dice exactamente qué componente estaba fallando.


¿Quién lo usaba? 

Este portátil no lo compraba un usuario doméstico; costaba cerca de 5000 dólares de la época.


Los perfiles típicos eran:

Ingenieros de Campo: Aquellos que necesitaban conectar el portátil a máquinas industriales o servidores remotos a través del puerto serie o paralelo. Era una máquina que aguantaba el polvo, las vibraciones y el trasiego de las fábricas.

Directivos de "Capa Alta": Era el maletín de lujo. Ejecutivos que necesitaban llevar sus hojas de cálculo de Lotus 1-2-3 o Excel 4.0 a todas partes y hacer presentaciones en proyectores externos.

Administradores de Sistemas: El usuario que necesitaba una máquina fiable para entrar por línea de comandos a servidores corporativos (a través de módem o conexión directa) y monitorizar redes.

Consultores Tecnológicos: Gente que necesitaba mostrar solvencia y profesionalidad. 

Un ThinkPad 755CSE en la mesa de una reunión era como llegar hoy con un equipo de trabajo de gama ultra-alta; gritaba "soy un profesional.

Esteban Lorenzo

Paz Extrema